El discurso de Presidente Barack Obama en torno a su política hacia el Ejército Islámico de Iraq y Levante y la creación de un califato islámico en el Medio Oriente

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Por: Alejandro Torres Rivera /12 de septiembre de 2014

Hace catorce años, en una publicación de la prestigiosa revista estadounidense Foreign Affairs, Vol. 81, Núm. 3, mayo/junio de 2002, se publicó un ensayo titulado Transforming the Military escrito por Donald H. Rumsfeld. En el mismo, quien fuera Secretario de la Defensa de Estados Unidos, ofrece un cuadro general del proceso de modernización de la doctrina militar de este país entonces en curso, sus deficiencias y sus expectativas de transformación hacia el futuro. Según Rumsfeld, el cambio de dicha doctrina militar debía ser examinado como una transformación revolucionaria en la conceptualización de las fuerzas armadas donde conforme a su visión, Estados Unidos no debería depender exclusivamente del desarrollo de nuevas armas basadas en alta tecnología, sino también de la forma en que se piensa y desarrollan las nuevas formas de llevar a cabo la guerra. Según el Secretario de la Defensa de Estados Unidos la adopción de la nueva doctrina militar le permitiría a las fuerzas armadas adaptarse a nuevos retos.

Las transformaciones propuestas por Rumsfeld suponían trascender viejas doctrina acuñadas en el período de la Guerra Fría y sustituirlas por aquellas que planteaban ¨defender¨ su país contra ¨lo desconocido, lo incierto, lo que no puede verse y lo que no se anticipa.¨ Bajo la vieja doctrina, Estados Unidos debía prepararse militarmente para mantener una capacidad que le permitiera operar simultáneamente en dos grandes escenarios de guerra, manteniendo la capacidad de ocupación militar de las capitales de dos países agresores; mientras a la vez, modificaban sus regímenes por unos aceptables a los intereses de Estados Unidos. La nueva concepción, sin embargo, ponía énfasis en detener los intentos del ¨enemigo¨ en cuatro escenarios críticos, respaldada dicha capacidad por la habilidad de las fuerzas armadas estadounidenses para derrotar y barrer dos enemigos agresores, preservando la opción de una fuerte contraofensiva que le permitiera ocupar la capital del agresor y reemplazar su régimen. La alternativa de eliminar la capacidad de mantener una segunda fuerza de ocupación, indicaba Rumsfeld, liberaba recursos necesarios para atender otras contingencias.

En esta transformación no solo era importante conocer las debilidades del enemigo sino las propias. En el caso de Estados Unidos, sus debilidades las identificaba de la siguiente manera: la vulnerabilidad ante nuevas formas de terrorismo; en sus redes informáticas y sus activos en el espacio; la ausencia de defensas ante un ataque con misiles balísticos o misiles crucero; y también, frente a armas nucleares, químicas y biológicas. A base de lo anterior, para la protección de Estados Unidos el Secretario de la Defensa proponía: (a) proteger lo que se había denominado desde los sucesos del 11 de septiembre de 2001 como el U. S. Homeland Security y las bases militares de Estados Unidos en ultramar; (b) la protección y el sostenimiento de su poder en teatros de guerra distantes; (c) negarle a los enemigos de Estados Unidos sus santuarios o lugares seguros haciéndoles saber que no habrá un solo rincón en el mundo donde estén fuera del alcance de Estados Unidos; (d) la protección contra un ataque a sus redes de información; (e) la utilización de la información obtenida mediante el uso de tecnologías con el propósito de vincular las operaciones de las diferentes ramas de las fuerzas armadas de manera que lleven a cabo sus operaciones militares en forma integrada y en conjunto; y (f) mantener un acceso sin dificultades al espacio y la protección de las capacidades de Estados Unidos ante un ataque enemigo.

Para Rumsfeld, las guerras a llevar a cabo en el Siglo XXI requerirían un incremento en las operaciones económicas, diplomáticas, financieras, policiacas e inteligencia, como operaciones militares abiertas y encubiertas; la capacidad para mantener una comunicación efectiva entre los distintos componentes en el campo de batalla; que la política a seguir con relación a países aliados se enfocara en lo que dichos países pudieran aportar en lugar de Estados Unidos decidir de qué manera ellos deberían contribuir; que en la formación de alianzas, Estados Unidos debería evitar participar  como si fuera una parte más de un Comité,  señalando que la misión que se fuera a efectuar sería la que determinaría la formación de la coalición, y no que la coalición determinara la misión a desarrollar; el derecho de Estados Unidos a desarrollar acciones de carácter preventivo, llevando además la guerra a donde se encuentre el enemigo (donde incluso se concibe la ofensiva como la mejor defensiva); el derecho de Estados Unidos a utilizar cualquier medio y efectuar los sacrificios que sean necesarios para obtener la victoria; la utilización como factor decisivo de las fuerzas especiales en tierra y la efectividad de las campañas aéreas; y que el gobierno de Estados Unidos siempre le diga su verdad al pueblo estadounidense de lo que se propone llevar a cabo.

Si bien toda doctrina militar se ajusta con el tiempo a las realidades donde se aplica, ciertamente los escenarios en los cuales Estados Unidos ha venido llevando a cabo sus operaciones militares a escala mundial en países como Iraq, Afganistán, Somalia, Yemen, así como sus operaciones encubiertas o de información limitada en otros países de África y Asia, la hoja de ruta seguida es la trazada en el concepto de transformación diseñado por Rumsfeld bajo la administración de George W. Bush. En ese sentido, la actual administración demócrata bajo el mandato de Obama lo que ha hecho es la continuación de la Doctrina Rumsfeld.

El escrito de Rumsfel fue una secuela del discurso pronunciado por el presidente George W. Bush el día 21 de septiembre de 2001 a raíz de los sucesos del 11 de septiembre de 2001. Entonces el presidente Bush dirigió un mensaje al pueblo de Estados Unidos indicando que de acuerdo con cierta  información proveniente de fuentes de inteligencia, la responsabilidad de una organización fundamentalista islámica de nombre Al Qaeda y su dirigente, Osama Bin Laden, eran responsables de los atentados terroristas acaecidos en Estados Unidos. El movimiento islámico en el poder en  Afganistán, conocido por Talibán, fue identificado como responsible de proveerle albergue, apoyo y lugares de entrenamiento en su territorio a esta organización definida como terrorista.

En su discurso Bush, tal como ha hecho ahora Obama con relación al Ejército Islámico de Iraq y Levante (EIIL), lanzó un llamado a la guerra contra Al Qaeda. Indicó de paso, que la misma no terminaría con el aniquilamiento de dicha organización y sus dirigentes; que a los terroristas se les privaría de sus fuentes de financiamiento, serían empujados unos contra otros, perseguidos de un lugar a otro hasta que no tuvieran refugio ni reposo. Con tal declaración se iniciaba la primera guerra del Siglo XXI, una guerra diferente donde se utilizarían todos los medios diplomáticos, todas las herramientas de inteligencia, todos los instrumentos de interdicción  policiaca, todas las influencias financieras y todos los armamentos necesarios.

Dentro del marco del fracaso de las intervenciones militares de Estados Unidos en Afganistán y en Iraq que siguieron a los sucesos del 11 de septiembre, el presidente Obama optó por estructurar una salida airosa de estos dos conflictos procurando dejar establecido en estos países gobiernos afines a los intereses estadounidenses. Sin embargo, los efectos de la intervención de Estados Unidos en ellos ha dejado gobiernos muy frágiles, inmersos en profundos conflictos sociales y económicos, como también en conflictos de nacionalidades y confesionales, en este último caso, aún dentro del ejercicio de la fe islámica.

De la misma manera que Al Qaeda fue una creación de Estados Unidos, Occidente y algunas monarquías árabes en la región durante el período de la Guerra Fría; así también fue en el caso de Siria la creación de su filial, el Frente Al Nusra y en el caso de Iraq, el Ejército Islámico de Iraq. Como ocurrió con Al Qaeda, que eliminada la Guerra Fría y producido la caída del Bloque Soviético se tornó contra Estados Unidos y Occidente, hoy el Frente Al Nusra apoyado por Estados Unidos en su agenda de derrocamiento del gobierno constitucional de Bashar al-Assad en Siria, junto al Ejército Islámico en Iraq y Levante se vuelcan contra Occidente y Estados Unidos. Quien siembra vientos, nos dice el refrán, a la larga cosecha tempestades.

El Ejército Islámico de Iraq y Levante que hoy se levanta frente a Estados Unidos y sus aliados es una fuerza islámica fundamentalista que recurre a la violencia y al terrorismo indiscriminado, incluso contra la propia población del territorio donde opera, que  no se ajuste a su visión religiosa de mundo. Sus víctimas han sido no solo la población cristiana (en sus diferentes denominaciones), sino también aquellos que desde el islam profesan maneras distintas a las de éstos en la forma de ejercer su fe islámica. Como sector político, el EIIL pretende establecer en la región fronteriza entre el norte de Iraq y Siria un califato que eventualmente se extienda hasta Jordania y por todo el Medio Oriente imponiendo sobre la población del territorio un régimen férreo, dogmático y fundamentalista a partir de su caracterización confesional suni. En este sentido,  aquellos y aquellas que profesan la fe islámica dentro de la corriente chiita, también han pasado a ser enemigos del Estado Islámico de Iraq y Levante y su brazo militar.

En el discurso pronunciado por el presidente Obama el pasado miércoles en víspera de un aniversario más de los ataques a las Torres del World Trade Center en Nueva York, éste anunció la ampliación de las operaciones militares ya en curso en el Medio Oriente contra el Ejército Islámico de Iraq y Levante. En su alocución, Obama se arroga la facultad de ampliar la campaña de apoyo militar de Estados Unidos a la oposición siria anunciando que su país se reserva el derecho a desarrollar operaciones militares aéreas dentro del espacio aéreo y territorio sirio en clara violación de la soberanía de este país. En ese sentido, se trata de un acto injerencista más de parte de Estados Unidos contra un Estado soberano.

Si bien está fuera de toda discusión el carácter sanguinario de las acciones libradas por el EIIL contra la población civil en el territorio ocupado en Iraq y Siria, lo cierto es que en gran medida las acciones del EIIL son  la consecuencia inmediata de lo que ha sido la guerra impuesta por Estados Unidos en esa región. El resultado de la política imperial de Estados Unidos en la región ha traído como consecuencia la fragmentación de un estado unitario como era Iraq en tres estados. La guerra impuesta por Estados Unidos en la pasada década ha dejado un país sembrado de muertes, destrucción, desolación y saqueo de sus recursos naturales.

En su discurso Obama formuló una nueva estrategia basada en varias premisas, algunas de las cuales ya están siendo aplicadas: (a) una campaña sistemática de ataques aéreos contra objetivos militares del EIIL sean ellos en Iraq o Siria; (b) el desplazamiento de 475 efectivos adicionales en calidad de asesores a los que ya ha movilizado en Iraq para el apoyo en tierra a aquellos que en estos momentos combaten contra el EIIL; (c) la creación de una Guardia Nacional iraquí entre las comunidades sunitas en Iraq; (d) el incremento en la ayuda militar estadounidense (ayuda que ahora se reconoce como ayuda abierta) a la oposición dentro de Siria para la continuación de su lucha contra el gobierno constitucional del presidente Bashar al-Assad; (e) la prevención de ataques por parte del EIIL mediante operaciones de contraterrorismo, incluyendo trabajar con sus socios en la coalición recién formada con el propósito de mejorar la inteligencia sobre los integrantes de dicha organización, cortar sus fuentes de financiamiento, fortalecer las defensas de Estados Unidos y detener el flujo de combatientes extranjeros, incluyendo estadounidenses, dentro de sus filas; (f) la continuación de la prestación de ayuda humanitaria para las víctimas del EIIL que han sido desplazadas como resultado del conflicto; y (g) movilizar a la comunidad internacional, incluyendo a los organismos de la ONU en pro de su estrategia.

En su discurso Obama aprovecha la situación planteada en Iraq con el EIIL para colocar su mirada imperial en torno a la situación en Ucrania. Contrario a sus afirmaciones colocando el peso de la crisis en la Federación Rusa, lo cierto es que este conflicto tiene como origen inmediato el Golpe de Estado apoyado por Estados Unidos y la Unión Europea. La legitimación posterior de un gobierno neofacista y su política de exclusión hacia la población de origen ruso en el Este de Ucrania es lo que alimenta hoy un conflicto interno de mayores proporciones.

La fragmentación de los estados musulmanes en el Medio Oriente; la propagación del mismo a la República Islámica de Irán así como el cerco por parte de Estados Unidos y la OTAN en Asia Central a lo largo de la frontera occidental de la Federación Rusa con Europa, forman piezas diversas dentro de un rompecabezas aún más complejo en la geopolítica de la región. Se trata de cómo se está estableciendo un nuevo contexto para un futuro enfrentamiento entre Occidente y Oriente dentro del marco del forcejeo por una nueva redistribución del mundo en zonas de influencia. Este proceder imperialista no es nuevo. Como ocurrió previo a las dos guerras mundiales del pasado siglo, podríamos estar hoy en la antesala de una crisis que tiene el potencial de desatar un nuevo flagelo para la Humanidad.

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