LA REVOLUCIÓN RUSA CONTADA PARA ESCÉPTICOS

LA REVOLUCIÓN RUSA, CONTADA PARA ESCÉPTICOS

De Juan Eslava Galán

Acabo de leer este libro y confieso que fue un error por mi parte adquirirlo.

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Su autor no solo es un acérrimo anticomunista sino que es también rusófobo hasta la médula. Hasta aquí, pudiera valer.  El problema es que miente cuando da por válidos hechos no comprobados, miente por omisión, cuando evita comentar hechos que rebaten su posición, y miente cuando se agarra a las críticas  del Premio Nobel (¡Oh, patente de corso!, Nobel de la Paz es Obama)  Solzhenitsyn.  Críticas iniciales porque Solzhenitsyn  confesó su gran decepción al conocer el rostro del capitalismo. Pero esto ya no le vale.

Eslava desconoce muchos aspectos de la historia de Rusia, como el movimiento de príncipes eruditos que trabajaron por liberar a los mujiks, o “almas”, es decir a los esclavos de la tierra, que estaban adscritos a las fincas. Y es tan poco respetuoso que cuando escribe sobre Piotr Kropotkin  (uno de los grandes personajes rusos -1842-1921-  anarquista, científico,  geógrafo, y muchas más cosas), para referirse a la riqueza de su familia,  mantiene  que algunos príncipes se arrimaron a la revolución soviética huyendo de la quema. “Aristócrata ruso reciclado en revolucionario”,  se atreve a llamar a Kropotkin,  ignorando que estuvo deportado en Siberia y que padeció una dura prisión en la fortaleza de Pedro y Pablo, en San Petersburgo, por defender sus ideales, muchos años antes de que triunfara la Revolución Rusa.  Piotr Kropotkin también tuvo que padecer el suicidio de su querido hermano Alexandr, que fue deportado a Siberia por cinco años, al término de los cuales el Zar consideró que era poco, y amplió su condena siete años más. Se suicidó.

Realmente el protagonista del libro, profusamente ilustrado con fotos tanto de los zares y su familia como de los revolucionarios soviéticos, es Juan Eslava Galán, que tampoco  se resiste a colocar alguna foto suya.

Gran parte de Rusia se encontraba en la edad media cuando se inicia la Revolución, de la mano de Lenin,  Trotski (que crea el Ejército Rojo) y, menos visible en ese momento pero presente desde el principio, Stalin. Tres cerebros difíciles de encontrar juntos en la historia a los que el autor dedica no pocas descalificaciones.  El 90 % de las mujeres eran analfabetas y  alrededor  del 80% de los hombres, pero en poco tiempo -como prioridad absoluta del gobierno- el analfabetismo desapareció de Rusia (la URSS se creó en 1922).   Esto no se menciona.  Nada más iniciarse la Revolución, los partidarios del Zar promovieron una guerra civil, que contó con el apoyo de Japón, Estados Unidos, Reino Unidos, Grecia, Francia…y un puñado más de países –que no deseaban cambios en Rusia-,  que envíaron tropas por un total de 200.000 soldados. El gobierno ganó la guerra. Y Rusia inició una revolución en todos los aspectos, cultural, agrícola, científica…  llenó de escuelas, academias, universidades, centros de estudio, bibliotecas, teatros, ballets, todo el territorio. Pero los logros no  se comentan en el libro de Eslava.  El gobierno persiguió con saña la corrupción, situó a la aviación soviética en primera línea y convirtió la URSS en una gran potencia industrial, que ganó la Segunda Guerra Mundial, por más que los gringos se atribuyeran el triunfo,  en la que “puso” 27 millones de muertos (entre ellos Jakov, un hijo del propio Stalin). FOTO JUAN ESLAVA

Todo esto es ignorado por Eslava, que se detiene antes de llegar a Stalin, al que  también rechaza, como al resto de revolucionarios. Al igual que ignora lo mucho que la Revolución Soviética ayudó a los trabajadores de todo el  mundo al contribuir  a la creación de una legislación laboral  y dotarlos de unos derechos inexistentes hasta esas fechas.

Por si no fuese suficiente al final del libro el autor, que dice escribir esas líneas sentado en el Bosco-Bar, en plena Plaza Roja de Moscú, se refiere a su ardor de estómago producido por los raviolis moscovitas (los deliciosos pelmenin). Pero tampoco ha podido dormir, a causa de la molesta almohada que debieron adquirir de un saldo.

Ahí queda el libro.  Un monumento dedicado a aquellos que viven muy bien a la sombra del poder.

Purificación González de la Blanca

Ojos para la Paz

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