Las enseñanzas de la revolución burkinesa

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Fuente: michelcollon.info

Unas semanas después de la caída del presidente de Burkina Faso, Blaise Compaoré, las sombras empiezan a disiparse respecto al papel de protectora del régimen desempeñado hasta el final por la diplomacia francesa, fiel a su tradición «francafricana» y una vez más a contrapié de la historia. El apoyo ha llegado hasta el punto de sacar del país a Blaise Compaoré sustrayéndolo, de hecho, de la justicia de su país. Después de calificar durante mucho tiempo las relaciones entre Francia y Burkina Faso de «excelentes» (a la manera de Laurent Fabius en su visita a Uagadugú el 27 de julio de 2012), Francia se percató muy tarde de la dimensión del movimiento de fondo que estaba en marcha desde hacía meses en la sociedad civil burkinesa.

 

En una carta a Compaoré fechada el 17 de octubre de 2014, François Hollande se limitaba a proponer como solución de salida un puesto en una organización internacional (probablemente la Organisation Internationale de la Francophonie, OIF) a un presidente burkinés considerado «recomendable» hasta unos días antes de su precipitada salida. El paralelismo con la caída del tunecino Ben Allí, en enero de 2011, demuestra que Francia no aprende de sus errores y sigue encerrándose en el apoyo a los regímenes dictatoriales en nombre de la «estabilidad».

El apuro y los compromisos de la diplomacia francesa se pusieron de manifiesto los días anterior y posterior a la caída del déspota en las embarazosas posturas del ministro de Asuntos Exteriores francés, que en un primer momento se limitó a hacer un pusilánime llamamiento a la calma y a la protección de los residentes franceses y personalidades políticas, así como del diputado socialista François Loncle, defendiendo en plena crisis los logros del dictador burkinés frente a los medios de comunicación.

Anteriormente el embajador de Francia en Burkina Faso, militar de carrera como su predecesor, fue invitado a varias reuniones con diversos protagonistas del levantamiento alimentando la idea de que defendía el plan de transición de Compaoré, según el cual el dictador se mantendría en el poder el tiempo de pasar el relevo mientras las masas y la oposición exigían una salida inmediata. Una injerencia escandalosa por parte de la diplomacia del país que más ha apoyado a Compaoré durante los 27 años de su régimen.

Lo que está comprobado es el papel activo de Francia en la salida de Blaise Compaoré de su país.

Después de dar rodeos explicando que Francia desempeñó un papel en la salida, pero «sin participar» (1), François Hollande terminó reconociendo su mentira y confirmó la información de Jeune Afrique, según la cual el dictador burkinés fue llevado a Costa de Marfil por un helicóptero y después un avión del ejército francés. Más inquietante, las declaraciones de François Hollande sobre las condiciones de la salida de Compaoré, «Hubo ataques y respuestas», dan a entender la posibilidad de un enfrentamiento armado de los militares franceses. Aunque el presidente francés afirma que ha actuado para una evacuación «sin tragedia», confiando a Compaoré al régimen marfileño «amigo», poco inclinado a extraditarle, sobre todo ha permitido sustraerlo de eventuales procesos judiciales en Burkina Faso, especialmente por su papel en asesinatos políticos, como el de Thomas Sankara y el periodista Norbert Zongo, o en la muerte de manifestantes burkineses en los levantamientos de los últimos días. Necesariamente un procesamiento del déspota burkinés permitiría conocer los diversos apoyos de los que se ha beneficiado por parte de Francia desde que tomó el poder de forma sangrienta en 1987.

Totalmente dedicada al reposicionamiento del ejército francés en el Shael (operación Serval, operación Barkhane), del que Burkina Faso es actualmente un punto estratégico, Francia ha vuelto a hacer oídos sordos a las aspiraciones democráticas de las poblaciones de los Estados que apoyan esta empresa militar. La sorpresa burkinesa podría reproducirse en cualquier momento en Chad, Camerún, Congo Brazzaville, Gabón, Togo y en muchos otros países y «pillar» otra vez a las autoridades francesas que sin embargo no carecen de información respecto a la naturaleza de esos regímenes y la desesperación de los que los sufren.

La asociación Survie:

- Exige a las autoridades francesas que abandonen cualquier tipo de apoyo a los dictadores y sus familias que se aferran al poder: Idriss Déby en Chad, Sassou N’Guesso en Congo Brazzaville, Paul Biya en Camerún, Alí Bongo en Gabón, Faure Gnassingbé en Togo, Joseph Kabila en la República Democrática del Congo, Teodoro Obiang Nguema en Guinea Ecuatorial, etc.

- Apoya la propuesta de creación de una comisión de investigación parlamentaria sobre el papel de las autoridades francesas en el asesinato de Thomas Sankara formulada por la campaña «Justicia para Thomas Sankara, Justicia para África», presentada sin resultado favorable en 2011 y 2013 por los diputados del Front de Gauche y los del EELV (Europe Ecologie Les Verts).

- Denuncia la protección contra los procedimientos judiciales de los que se beneficia de hecho Compaoré en Costa de Marfil y recuerda la exigencia de justicia para todas las víctimas de las guerras regionales, de los asesinatos y de los crímenes económicos de Blaise Compaoré y de la Francáfrica.

- Exige la dimisión de Françoise Loncle de la presidencia del grupo parlamentario de amistad franco-burkinesa por haber defendido hasta el final a Blaise Compaoré, su imagen, sus logros y la idea de que el dictador debía mantenerse en el poder en el marco de una transición.

(1) Declaraciones de Françoise Hollande durante su viaje a Canadá el 4 de noviembre de 2014.

Traducido del francés para Rebelión por Caty R. Fuente: http://survie.org/francafrique/burk…

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